“La Cumbre”, ruinas de un pueblo huasteco que floreció y murió

Abr 10th, 2010 | By | Category: Soto la Marina, Tu puedes visitarlos

El Sabinito, Soto la Marina.- Los hombres blancos y barbados llegaron aquí por el año de 1980.

Y tal y como lo hicieron en la meseta del Anáhuac, solo vinieron a destruir… y a sepultar los vestigios de una gran cultura.

Yacen aquí las ruinas arqueológicas más importantes de Tamaulipas; aunque una parte fueron desmontadas y  “recuperadas”, hay abandono total desde hace años.

Es “La Cumbre” un pueblo huasteco que debió existir por el año 500 de nuestra era, con una población estimada entre 10 y 15 mil habitantes en su mejor florecimiento.

Han sido avizoradas como un corredor turístico, por la admiración que despiertan como vestigio de una civilización grandiosa pese a lo rudimentario de su época.

Al decir de las autoridades, tal vez se haya tratado del más grande asentamiento humano en la historia precolombina de Tamaulipas.

Más bien podría decirse que fue una ciudad. No con sus calles, pero sí con sus corredores y escalinatas, banquetas de aquellos tiempos.

Estaba constituida por colonias o barrios, en torno de uno o varios adoratorios. Una metrópoli en pleno desarrollo.

Los huastecos de esta región tenían lugar fijo de residencia y no eran guerreros. Estaban dedicados al cultivo de la tierra.

¿Cuál habría sido su nombre, su permanencia, su destino?.

Ciertamente, no hay dependencia o autoridad en la materia que pudiera revelarlo.

Camilo acepta gustoso hacer una visita más a las ruinas “de allá arriba”, sirviendo como guía y orientador.

Antes de partir no deja de hacer una demostración clara de los retos: Muestra dos gigantescas pieles de cascabel macho -así afirma- que seguramente en vida registraron hasta tres metros. Veneno suficiente para matar a un caballo en cuestión de minutos.

Echa su carabina al hombro y emprende la marcha por esas calles que parecieron, que son veredas.

No deja Camilo la oportunidad de hacer otro comentario poco cálido: Allí  en el Centro de Salud, hallaron un día a plena mañana un ejemplar también de cascabel que pudo haber sido triunfo seguro en algún concurso.

Más arriba están los potreros de los ejidatarios, tierras temporaleras que se aran con un par de mulas y uno o dos gañanes.

En seguida comienza la selva que hasta hace años fue totalmente virgen. De entonces llegaron esos hombres que transformaron el hábitat.

Un día inclusive penetraron las máquinas de hacer caminos, que precedieron a los peones de hacha y sierra, y los caminos y el trajinar y el ir y venir en busca de los preciados recursos forestales.

Arboles de hasta 30 metros quedaron ahí sacrificados como muestra de una cruenta civilización.

Y más allá sobre el mismo camino, andando en una pendiente -que de allá para acá es bajada, diría el sabio de Güemes-, crecen los zacatales y la maleza que provoca el peligro de serpientes.

DESCUBIERTAS POR ACCIDENTE

Aquí tampoco Camilo se queda callado. Señala que las pirámides (así  les conocieron inicialmente) fueron descubiertas por accidente. Alguien un día se perdió y fue a dar hasta La Marina dos lunas después, para difundir la novedad.

-No se despeguen, dice. Cinco minutos son suficientes para perderse en aquel abandonado lugar.

Y sigue contando las historias y anécdotas de la caza del tigre, león, tigrillo, de esos animales que ya poco se ven.

Finalmente, están allí en todo su esplendor las pirámides o “cues” de los huastecos, en un desmonte que fue realizado hace años, pero hoy en el abandono.

Está un trabajo pendiente: La investigación sobre la magnitud de este pueblo indio, sus orígenes y el motivo de su extinción.

Algunos cúes están numerados y enlistados. En el núcleo principal hay no menos de cien.

Tres son los adoratorios, pero también allí penetró la mano depredadora del hombre. Manos extrañas horadaron las delgadas y bien acomodadas lajas en busca de lo desconocido o tal vez por la ambición desmedida de un tesoro precolombino.

Porque han venido gente de otros países y otras tierras lejanas a indagar, husmear, pero jamás dejaron un cimiento de sus investigaciones, programa, un recurso.

Sobre las colinas, sobre las cañadas, más allá, se extiende otra cadena interminable de basamentos.

Hace más de 20 años el gobierno del Estado hizo trabajo, pero es fecha que el sector de cultura no se interesa.

TENIAN UN REGIMEN SACERDOTAL

En las construcciones no fue utilizado ningún cementante. Su época estaría ubicada por el Preclásico Superior.

Por tal, es evidente que los nativos no habían descubierto la cal.

Los adoratorios y zócalos que servían como basamento a las casas habitación, son circulares, de diferentes alturas y diámetros, y algunas se encuentran en regular estado de conservación.

¿De qué distancia habrían traído la piedra?. Otra pregunta sin respuesta fácil.

Son piedras lajas muy bien acomodadas una sobre otra, con círculos perfectamente definidos y conservados pese al tiempo transcurrido.

Algunos observadores calculan que tienen una antigüedad de un mil 500 años.

De las averiguaciones en la zona, se deduce que los huastecos tenían una organización política sacerdotal. Había una notable especialización del trabajo.

Por los descubrimientos de “represas” en los cañones que convergen  a La Cumbre, hace suponer que utilizaban los sistemas de riego como forma de agricultura.

En los vertederos, se cree, había veneros del preciado líquido.

Y en lo alto se hallaban las chozas construidas con techos, bien de zacate o palma.

Los objetos de cerámica indican la edad del florecimiento de este pueblo.

Mencionan los lugareños que se han hallado metates, objetos y artículos para cocinar. Muchos han desaparecido en manos de saqueadores arqueólogos.

¿POR QUE DECAYO? ¿POR QUÉ SE FUERON?

Igualmente personal de investigación deduce que este pueblo decayó por falta de agua o alguna epidemia.

En muchos kilómetros a la redonda no se consigue el vital líquido a flor de tierra. Ante ello, habrían preferido abandonar la región en busca de mejores alternativas.

Otra causa pudo ser la amenaza de otras tribus guerreras, aunque la posibilidad es mínima, si las estructuras habitacionales prácticamente quedaron intactas.

Lo cierto es que en esta parte de la sierra de Soto la Marina, existen claros vestigios de la cultura huasteca, como también los hay en Altamira y en Ocampo.

Buen indicio para fortalecer el acervo cultural de los tamaulipecos, sedientos del saber de su pasado histórico.

Punto de partida para establecer una ruta turística de verdadero atractivo cultural, creando la infraestructura necesaria y haciendo la rehabilitación más recomendable.

Aquí está parte de las raíces de nuestra mexicanidad… todo está en ir a su reencuentro con el mejor deseo y el cuidado más específico.

http://www.turistam.janambre.com.mx

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